jueves, 14 de enero de 2021

EL CABALLO CRIOLLO VENEZOLANO. Primera raza equina del país

El 26 de Febrero de este año 2020, estando en mi casa, sin energía eléctrica y por supuesto sin internet, recibí varias llamadas telefónicas de felicitación por la firma de un decreto oficial, en el cual se reconocía al caballo criollo venezolano como raza equina, patrimonio genético de la Nación, solicitud que yo hiciera en general, a través de un programa de Rio Verde, grabado hace tres años en el Hato Las Palmeras del Estado Apure, Centro de Estudio y Conservación del Caballo Criollo Venezolano, de la Cátedra Libre Caballo Criollo de la Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado” de la cual soy fundador y coordinador general. En Venezuela es la única forma de que una especie animal, sea considerada una raza, en este caso la primera raza equina del país.

El Caballo Criollo Venezolano (CCV) ha existido de hecho y es el descendiente de los caballos de origen español sin cruzamiento con ninguna otra raza, venidos al país durante los años de la Conquista, la Colonia, hasta la Guerra de la Independencia. Algunos vinieron directamente de España, otros de las Islas antillanas caribeñas, particularmente de Santo Domingo, donde los españoles establecieron centros de recría de las diferentes especies animales. Consiguen en estas tierras condiciones favorables y se reproducen en buen número por todo el territorio nacional, pero en mayor cantidad en los llanos. Actualmente no se concibe una cría de bovinos de carne y ahora también de búfalos, sin la ayuda inestimable del caballo criollo, quien por su rusticidad es el único de aguantar condiciones tan desfavorables, tanto ecológicas como sanitarias y de alimentación. En zonas andinas venezolanas, su adaptación es a las bajas temperaturas y niveles superiores a los 4000 m.s.n.m. siendo utilizados para transporte personal y turismo. Su cría se realiza en libertad, tanto en los Llanos como en los Andes.

Lograr el reconocimiento como raza, tiene unos antecedentes de al menos setenta y seis años. En 1944 y 1945, se realizaron en Argentina, teniendo por sede la Sociedad Rural Argentina, las llamadas “Reuniones Interamericanas de Criadores de Caballos Criollos” cuya intención era unificar todos los criadores de caballos criollos de América. Venezuela fue invitada a ambas y envió delegados, sin embargo, la idea de establecer una cría organizada y convertirla en raza, no progresó.

En 1946 se realiza en Caracas, el “1er. Congreso Veterinario Gran Colombiano” el cual tenía entre sus recomendaciones lo siguiente: “Recomendar la selección de los caballos criollos para criarlos genéticamente puros. Fijar el “Standard” de la raza caballar nativa. Fomentar la Sociedad de Criadores de Caballos Criollos, con filiales en las principales zonas de cría. Abrir el Libro Genealógico de la raza”. Estas recomendaciones, con la clara visión de lo que debería hacerse para preservar nuestro CCV, quedaron en letra muerta, nunca se aplicaron.

Para 1949, se crea en el país la “Junta de Fomento Equino” estableciendo lo que llamaron las bases de la mejora del CCV, fundamentados en tres grandes áreas: Alimentación, Selección y CRUZAMIENTO. Esta última, representa un craso desconocimiento del valor de nuestro caballo como raza autóctona que debe conservarse tal como es, a riesgo de que al cruzarla pierda las virtudes que le son propias y por lo que es valioso.

En 1956, tres conocedores y amantes del CCV, Dr. José Giacopini Záraga, Don Ramón Aveledo Ostos y el Dr. Julio de Armas, abogaron ante el Ministerio de Agricultura y Cría de entonces por el reconocimiento como raza del CCV. No fueron escuchados y se perdió aquella buena intención.

Me tocó en 1982 organizar el “Primer Congreso de Producción Equina” en el cual, el Dr. José Giacopini Zárraga presentó la ponencia “Reivindicación del Caballo Criollo Venezolano” en la cual planteaba, la necesidad de reconocerle al CCV, la importancia que había tenido en la gesta independentista. A partir de esta magistral presentación, empecé a preocuparme por nuestro caballo aunque no sabía como hacerlo.

No es hasta el año 2000, en que en la búsqueda del tema de mi trabajo de maestría en Educación Superior, se me ocurre, hacerla con la creación de una Cátedra Libre, así nace la Cátedra Libre para el Estudio y la Conservación del Caballo Criollo Venezolano, aprobada con honores, la presenté ante el Consejo Universitario de la Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado” siendo aprobada en Sesión Ordinaria Número 1213 el 27 de Septiembre del año 2000 instalándose en Octubre del mismo año.

Las actividades de la Cátedra se orientaron a cumplir con los requisitos de la FAO para la caracterización de una raza animal, de esta manera, realizamos las siguientes caracterizaciones: morfométricas, fenotípicas, reproductivas, genéticas, estudios de conformación corporal y de aplomos. También investigamos algunas enfermedades importantes: Anemia Infecciosa Equina, Pithyosis, parasitosis externas y gástricas. Realizamos estudios de valores hematológicos y otros componentes sanguíneos. Estas investigaciones fue posible realizarlas por el aporte de gran cantidad de personas: estudiantes y profesores de Medicina Veterinaria de la UCLA y de otras universidades, estudiantes de otras carreras, como Bioanálisis de la Universidad de Carabobo, Producción Animal del Tecnológico del Estado Portuguesa. Teniendo el gran apoyo de criadores de caballos criollos como el Hato Los Camorucos de la Ganadería Vargas, el Hato el Frio, Hatos de Agropecuaria Flora, Decanato de Ciencias Veterinarias de la UCLA y Universidad de Texas A&M.

Los resultados de estas investigaciones, han sido presentados a nivel nacional y a nivel internacional. Palestra importante ha sido la Red Conbiand con sus anuales Simposios Iberoamericanos sobre conservación y utilización de Recursos Zoogenéticos.

El decreto 41.132 viene a coronar estos esfuerzos de más de 50 años antes de nuestra Cátedra y hasta ahora 20 años nuestros. De ahora en adelante, la palabra la tienen los criadores y propietarios, nosotros seguiremos guiando y trabajando en pro del CCV.

Culmino con unas palabras del Sr. Roberto Dowdall (+), gran estudioso del caballo criollo argentino y fundador de su asociación de criadores, palabras que exactamente se adaptan a nuestro CCV: “El criollo es básicamente rústico, guapo, con alto poder de adaptación al medio, fértil y longevo, ágil y rápido en las cortas distancias, resistente a la fatiga y con un enorme poder de recuperación”


José Luis Canelón Pérez, MV. Msc.

Cátedra Libre Caballo Criollo, UCLA
Presidente y Miembro Fundador de SOVECRIOLLO

martes, 21 de julio de 2020

EL ORIGEN DE LOS CABALLOS CRIOLLOS VENEZOLANOS


JOSÉ LUIS CANELÓN PEREZ MV MSc

Cátedra Libre para el Estudio y la Conservación del Caballo Criollo Venezolano, UCLA

 

Es sabido que cuando el Almirante Cristóbal Colón, llegó a América en su primer viaje o viaje del Descubrimiento en 1492, no había caballos en nuestras tierra. Colón escribe en su Diario de a Bordo “Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos en esta isla’. Recordemos que la palabra Bestia, era usada para los caballos y que aún en el Llano, se conserva para el mismo uso.

Para 1493, se realiza el segundo viaje de Colón, ya con intenciones de poblar y defender lo descubierto. Encarga a la Santa Hermandad de Granada, 20 caballos y 5 yeguas como dobladuras, este hecho, según algunos historiadores, demuestra el interés en la cría caballar, porque  siendo la Santa Hermandad soldados o guerreros (lanzas Jinetas), generalmente, las dobladuras eran también caballos, por si alguno se lastimase, la dobladura pudiera reemplazarlo. Recordemos que los caballos para la guerra, eran enteros, se les consideraba con más brío y mejores para el oficio.

Entonces la reproducción de los equinos, era perfectamente viable.

Según el propio Colón, fue engañado por los de la Santa Hermandad, pues les mostraron unos caballos muy buenos y como no pudo ver el embarque por encontrarse indispuesto, los caballos que recibió, fueron de menor valor que los que le habían mostrado. Este episodio se toma como si todos los caballos que se trajeron a América hubieran sido de esa mala calidad. Sin embargo, si continuamos analizando siguientes viajes, veremos que la calidad de los caballos traídos a América, fue muchas veces de la mejor calidad que se encontraba en España.

Las bestias embarcadas en 1493, fueron 24 caballos, 10 yeguas y 3 mulas, si la Santa Hermandad trajo 25, entonces, 4 caballos y 5 yeguas pertenecían a miembros de la tripulación.

El viaje duraba 3 meses, los caballos iban en cubierta y su alimentación de paja y cebada, muchas veces trajo como consecuencia, cólicos y muertes, y al decir del propio Colón, las “Bestias llegaban flacas”. El viaje hasta las Islas Canarias era peligroso, había un sector del mar que fue llamado “El Golfo de las Yeguas” debido a que en caso de dificultad marítima, las pobres yeguas eran lanzadas al mar para aliviar el peso de la embarcación y pudiese seguir adelante.  Porque de las Yeguas y no de los caballos? Porque había una prohibición de sacar caballos de España, las guerras habían disminuido su número y hasta 1507 solo yeguas podían ser traídas a América, con pocas excepciones por contrabando o por permisos reales. Un ejemplo de un embarque para América:

En 1495 Juan de Aguado trae las siguientes yeguas.

Adquirida vecino

Edad/Años

Color

Precio/Maravedies

Alfonso Alvarez (Triana)

5

Cebruna

2.400

Lorenzo Marquéz (Sevilla)

6

Castaña

3.250

Fernando de Castro Verde (Carmona)

4

Overa (Pinto)

3.100

Alonso Pérez Parejo (¿Sevilla?)

5

Castaña

3.500

Antón Guía de Hinojos (Hinojos)

5

Rosilla

2.500

Alonso Lorenzo (Sevilla)

5

Castaña

3.300

¿?????????? (¿Sevilla?)

4

Rucia

2.900


Según Cunnighane Grahan (Los Caballos de la Conquista): los caballos antillanos eran de la misma casta que los andaluces, cree que la estirpe del caballo americano, provenía de la raza cordobesa desarrollada durante el Califato (929 – 1008), Del Rio Moreno (Caballos y Equidos españoles en la Conquista y Colonización de América (S.XVI)). Considera más adecuado hablar de linaje andaluz y mejor aún, del linaje bético, porque los animales exportados a América salieron de toda la Andalucía Occidental.

Los caballos existentes en el sur de España tenían una gran mezcla de sangres: los béticos y lusitanos, famosos por su velocidad, seguramente se mezclaron con los visigodos, estos eran pesados de tipo germánico y con los ponies mongólicos del centroasiático, no sabemos en qué proporción y en que forma se manifestó esta influencia.

Fueran asilvestrados o mansos, traídos directamente de la Península Ibérica o nacidos en América, todos debieron ofrecer un tipo racial bastante homogéneo, porque eran de un mismo origen. El Inca Garcilaso, muy cerca del año del Descubrimiento, afirmaba: “Las razas de caballos de todos los reinos y provincias de las Indias descubiertas por los españoles después de 1492 hasta el presente, son de la raza de las yeguas y caballos de España, particularmente de Andalucía”

Posteriormente, lo que ha sido demostrado por Angel Cabrera, en su libro Caballos de América, es que la invasión mahometana uniformó a la raza, con gran predominancia del caballo Berberisco, que tenía mayor actitud para la guerra. Este caballo zenete o jinete, era criado en Extremadura y Andalucía, donde había sido por mayor tiempo la denominación musulmana.

La invasión mahometana, trajo consigo a la Península Iberica, tres tipos de caballos de origen berberisco y  no árabe, como algunos postulan: la jaca, no superior de 1.50 mts de alzada, el palafrén o caballo de paseo, también menor de 1.50 mts de alzada y el caballo de guerra, que podía tener mayor alzada o no, pero era de un esqueleto más sólido, fuerte, ágil y de muy buena rienda. ( ASSUNSC,O Fernando. El caballo Criollo).  

Sobre como eran los caballos españoles en su mejor época, según Cabrera, se ha fantaseado de lo lindo. Por ejemplo cada momento se habla de ascendencia Arabe, cuando no hay ni un solo documento que demuestre la entrada de caballos árabes en la Península Ibérica antes de los tiempos modernos. Si bien las hordas que invadieron a España hablaban árabe y eran musulmanes, ese pueblo era conocido como Berebere y tenían costumbres diferentes a sus parientes más lejanos. Por ejemplo: montaban caballos enteros y no yeguas como aquellos, la monta a la zeneta o jineta, era la practicada por ellos. Estas costumbres, fueron las heredadas por los españoles y pasadas a nuestra América.  Todavía los venezolanos prefieren montar caballos enteros en vez de yeguas y sólo últimamente, están aceptando cabalgar en machos castrados. 

Los caballos españoles eran famosos en todo el mundo de entonces, apreciado en todas partes por su acción, su guapeza y su fondo, el caballo español era empleado como el principal mejorador de razas.

Actualmente lo que conocemos como caballo español o Andaluz, apenas tiene ya nada del caballo que en otros tiempos buscaban los reyes, ensalzaban los grandes equitadores, cantaban los poetas y traían los Conquistadores al Nuevo Mundo.

Estos apuntes esperan dejar claro el origen más probable, con buen soporte histórico, del Caballo Criollo Venezolano, nuestra primera raza equina y patrimonio genético nacional.

NOTA:

El apoyo bibliográfico fue de las siguientes obras:

1.       Diario de a Bordo. Cristóbal Colón

2.       Caballos de América. Angel Cabrera

3.       Caballos y Equidos Españoles en la Conquista y Colonización de América (S.XVI). Justo L. Del Rio Moreno. 

Algunos párrafos copiados textuales.