El 26 de Febrero de este año 2020, estando en mi casa, sin energía eléctrica y por supuesto sin internet, recibí varias llamadas telefónicas de felicitación por la firma de un decreto oficial, en el cual se reconocía al caballo criollo venezolano como raza equina, patrimonio genético de la Nación, solicitud que yo hiciera en general, a través de un programa de Rio Verde, grabado hace tres años en el Hato Las Palmeras del Estado Apure, Centro de Estudio y Conservación del Caballo Criollo Venezolano, de la Cátedra Libre Caballo Criollo de la Universidad Centroccidental “Lisandro Alvarado” de la cual soy fundador y coordinador general. En Venezuela es la única forma de que una especie animal, sea considerada una raza, en este caso la primera raza equina del país.
El Caballo Criollo Venezolano (CCV) ha existido de hecho y
es el descendiente de los caballos de origen español sin cruzamiento con
ninguna otra raza, venidos al país durante los años de la Conquista, la
Colonia, hasta la Guerra de la Independencia. Algunos vinieron directamente de
España, otros de las Islas antillanas caribeñas, particularmente de Santo
Domingo, donde los españoles establecieron centros de recría de las diferentes
especies animales. Consiguen en estas tierras condiciones favorables y se
reproducen en buen número por todo el territorio nacional, pero en mayor
cantidad en los llanos. Actualmente no se concibe una cría de bovinos de carne
y ahora también de búfalos, sin la ayuda inestimable del caballo criollo, quien
por su rusticidad es el único de aguantar condiciones tan desfavorables, tanto
ecológicas como sanitarias y de alimentación. En zonas andinas venezolanas, su
adaptación es a las bajas temperaturas y niveles superiores a los 4000 m.s.n.m.
siendo utilizados para transporte personal y turismo. Su cría se realiza en
libertad, tanto en los Llanos como en los Andes.
Lograr el reconocimiento como raza, tiene unos antecedentes
de al menos setenta y seis años. En 1944 y 1945, se realizaron en Argentina,
teniendo por sede la Sociedad Rural Argentina, las llamadas “Reuniones
Interamericanas de Criadores de Caballos Criollos” cuya intención era unificar
todos los criadores de caballos criollos de América. Venezuela fue invitada a
ambas y envió delegados, sin embargo, la idea de establecer una cría organizada
y convertirla en raza, no progresó.
En 1946 se realiza en Caracas, el “1er. Congreso Veterinario
Gran Colombiano” el cual tenía entre sus recomendaciones lo siguiente:
“Recomendar la selección de los caballos criollos para criarlos genéticamente
puros. Fijar el “Standard” de la raza caballar nativa. Fomentar la Sociedad de
Criadores de Caballos Criollos, con filiales en las principales zonas de cría.
Abrir el Libro Genealógico de la raza”. Estas recomendaciones, con la clara
visión de lo que debería hacerse para preservar nuestro CCV, quedaron en letra
muerta, nunca se aplicaron.
Para 1949, se crea en el país la “Junta de Fomento Equino”
estableciendo lo que llamaron las bases de la mejora del CCV, fundamentados en
tres grandes áreas: Alimentación, Selección y CRUZAMIENTO. Esta última,
representa un craso desconocimiento del valor de nuestro caballo como raza
autóctona que debe conservarse tal como es, a riesgo de que al cruzarla pierda
las virtudes que le son propias y por lo que es valioso.
En 1956, tres conocedores y amantes del CCV, Dr. José
Giacopini Záraga, Don Ramón Aveledo Ostos y el Dr. Julio de Armas, abogaron
ante el Ministerio de Agricultura y Cría de entonces por el reconocimiento como
raza del CCV. No fueron escuchados y se perdió aquella buena intención.
Me tocó en 1982 organizar el “Primer Congreso de Producción
Equina” en el cual, el Dr. José Giacopini Zárraga presentó la ponencia
“Reivindicación del Caballo Criollo Venezolano” en la cual planteaba, la
necesidad de reconocerle al CCV, la importancia que había tenido en la gesta
independentista. A partir de esta magistral presentación, empecé a preocuparme
por nuestro caballo aunque no sabía como hacerlo.
No es hasta el año 2000, en que en la búsqueda del tema de
mi trabajo de maestría en Educación Superior, se me ocurre, hacerla con la
creación de una Cátedra Libre, así nace la Cátedra Libre para el Estudio y la
Conservación del Caballo Criollo Venezolano, aprobada con honores, la presenté
ante el Consejo Universitario de la Universidad Centroccidental “Lisandro
Alvarado” siendo aprobada en Sesión Ordinaria Número 1213 el 27 de Septiembre
del año 2000 instalándose en Octubre del mismo año.
Las actividades de la Cátedra se orientaron a cumplir con
los requisitos de la FAO para la caracterización de una raza animal, de esta
manera, realizamos las siguientes caracterizaciones: morfométricas,
fenotípicas, reproductivas, genéticas, estudios de conformación corporal y de
aplomos. También investigamos algunas enfermedades importantes: Anemia
Infecciosa Equina, Pithyosis, parasitosis externas y gástricas. Realizamos
estudios de valores hematológicos y otros componentes sanguíneos. Estas
investigaciones fue posible realizarlas por el aporte de gran cantidad de
personas: estudiantes y profesores de Medicina Veterinaria de la UCLA y de
otras universidades, estudiantes de otras carreras, como Bioanálisis de la
Universidad de Carabobo, Producción Animal del Tecnológico del Estado
Portuguesa. Teniendo el gran apoyo de criadores de caballos criollos como el
Hato Los Camorucos de la Ganadería Vargas, el Hato el Frio, Hatos de
Agropecuaria Flora, Decanato de Ciencias Veterinarias de la UCLA y Universidad
de Texas A&M.
Los resultados de estas investigaciones, han sido
presentados a nivel nacional y a nivel internacional. Palestra importante ha
sido la Red Conbiand con sus anuales Simposios Iberoamericanos sobre
conservación y utilización de Recursos Zoogenéticos.
El decreto 41.132 viene a coronar estos esfuerzos de más de
50 años antes de nuestra Cátedra y hasta ahora 20 años nuestros. De ahora en
adelante, la palabra la tienen los criadores y propietarios, nosotros
seguiremos guiando y trabajando en pro del CCV.
Culmino con unas palabras del Sr. Roberto Dowdall (+), gran
estudioso del caballo criollo argentino y fundador de su asociación de
criadores, palabras que exactamente se adaptan a nuestro CCV: “El criollo es
básicamente rústico, guapo, con alto poder de adaptación al medio, fértil y
longevo, ágil y rápido en las cortas distancias, resistente a la fatiga y con
un enorme poder de recuperación”
José Luis Canelón Pérez, MV. Msc.
Presidente y Miembro Fundador de SOVECRIOLLO